viernes

Vino la noche

No vi la noche
vino en espanto,
mientras aullaban
los zumbidos fueron
y de fondo palpito
un calor inquieto,
un fuego viejo,
que vibrando
entre perros
se dormía durante
su viaje a casa.

No vi la noche,
vino y no la vi,
vi el fuego,
vi el trueno.

Derribar

El poder de atravesar
el muro como concepto,
ese que sin mirar sigue erguido
pero habita solo
y se ilumina en lo desesperado.

El poder de mirarlo
y con la sola presencia
destrozarlo
como a mil hojas en Julio.

Aquel que se presenta en temor
es el más fuerte freno
el cual habrá que observar
para destrabar
lo que impide el vuelo.

martes

Expresión de deseo

Habrá que invadir la tierra
y no dejar que las sombras
de forma paranoide
inunden las voces.

Habrá que decir lo visceral
y no esperar al mundo,
no esperar sus modos y tiempos
que derrumban cielos.

Habrá que saber decir
amar, temer, surgir,
para luego enfrentar
el hielo del pasado
y lentamente derretirlo.

Lento y pausado

No dar lugar al contratiempo
es pensar más fuerte los encuentros.
No anclarse en cada espacio
sino hacer funcionar el propio.
No carbonizar los deseos
sino darle aire y fuego lento.
No insistir con desposeídos de alma
es construir imanes con seres llenos de luz.

Desarmarse para volver a armar
es lo que cada fuerza interior pide
cuando se está lejísimos
del calor y del color
con forma de halo.

Después

Después,
de las mareas tajantes,
de los rumbos modificados,
de las palabras negras,
de las voces con júbilo,
de las verdades y mentiras,
de las noches frías.

Se supo despojarse de inventos,
de esos cuentos morales
que predican cosas banales,
juicios, monstruos y males.

Después,
se puede sentir y dejar vivir,
sabiendo que lo nuevo y mejor
merece el espacio adecuado.

Desde el centro hacia afuera.

Seis y seis del seis

Son diez y ocho
las dieciocho
con tres minutos
o con cuatro sumados,
y entre distorsiones
hay aire y niebla de Mayo
que va recorriendo la sensación
que viene y que va
de las ganas bellas del reencuentro
con la pasión
y sus batallas de color.

sábado

Matar al rey cerebro

Si en un bosque cae un hombre
los árboles no sabrán ayudarlo,
si en un bosque cae un árbol
los hombres fundirán su cadáver.

Es tiempo de lo inmenso
lo intocable e inabarcable,
los que escarmientan las almas
serán un fragmento evitable.

Mientras tanto en la vorágine
es pacífico ser fuente
tomar por las astas hirvientes,
matar al rey cerebro
y a las sombras obsesas
que desquician la mente
que nos hilvana.